
En nuestra sección del informativo sobre premios Nobel, hablaremos en esta ocasión de una mujer nacida en Turín, Italia, el 22 de abril de 1909. Descendiente de un ingeniero eléctrico y una pintora, afirma haber crecido dentro de una familia que mantenía muy buenas relaciones entre sus integrantes, aunque el padre era quien tomaba todas las decisiones y consideraba que las mujeres no deberían de ser profesionistas puesto que no podrían cumplir adecuadamente con sus papeles de esposas y madres. A los 20 años de edad decidió que no podría ajustarse al papel de las mujeres que concebía su padre y le pidió permiso para iniciar una carrera profesional. En 8 meses cubrió sus deficiencias de latín, griego y matemáticas, terminó los estudios equivalentes a la preparatoria e ingresó a la escuela de medicina en Turín, donde casi todos los estudiantes eran hombres, alrededor de 300 y sólo 7 mujeres. Ahí tuvo por amigos y compañeros a Salvador Luria y Renato Dulbecco, quienes recibieron a su vez el premio Nobel varios años antes que ella. En 1936 se graduó con honores en medicina y cirugía e inició su especialización en neurología y siquiatría. En 1936 fue expulsada de la universidad de Turín como consecuencia de las leyes antisemitas que sólo permitían actividades académicas a los italianos de origen ario. Pero ni la Segunda Guerra Mundial resultó un obstáculo para esta decidida mujer, construyó una pequeña unidad de investigación en su recámara e inició ahí sus estudios sobre el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo. Cuando las tropas angloamericanas establecieron sus cuarteles en Italia atendió como enfermera y doctora en un campo de refugiados. Al finalizar la guerra regresó a la Universidad de Turín. En 1947 fue invitada para una estancia dentro de la Universidad de Washington en Estados Unidos, la que se prolongó 30 años y durante la cual obtuvo el nombramiento de profesor de tiempo completo dentro de esa institución, plaza que ocupó de 1958 a 1977. Durante ese tiempo viajó frecuentemente a Italia, pues en forma simultánea ocupó el puesto como Directora del Instituto de Biología Celular en Roma de 1969 a 1978. En Estados Unidos realizó el trabajo que la llevó a compartir en 1986, con Stanley Cohen, el Premio Nobel en el área de Medicina, por el descubrimiento y caracterización del factor de crecimiento celular del sistema periférico, lo que permitió establecer las bases para identificar y caracterizar otros factores que regulan el crecimiento nervioso. En 2001 fue designada senadora vitalicia de la república romana. El 22 de abril de 2008 llegará a 99 años, lo que la convierte en el personaje vivo laureado con el premio Nobel, de más edad. Continúa con gran actividad, así, por ejemplo, desde 1999 fue designada embajadora de la FAO y se ha convertido en infatigable luchadora en la campaña contra el hambre. Rita Levi Montalcini representa un ejemplo a seguir de tenacidad y firmeza, debiera hacernos reflexionar acerca de nuestras actitudes ante la vejez que a todos nos espera.