
Este año el premio Nobel en Medicina se otorgó por el descubrimiento de 2 virus causantes de enfermedades severas en los seres humanos. El científico alemán Harald zur Hausen, nacido en 1936, recibirá la mitad del premio como el reconocimiento por haber encontrado que el virus del papiloma humano produce cáncer cervical. Por otra parte, dos investigadores franceses, Francoise Barré- Sinoussi, nacida en 1947 y Luc Montagnier, nacido en 1932, compartirán la otra mitad de ese galardón por el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana. El cáncer cervical es el segundo más común entre las mujeres. Harald zur Hausen encontró que existían diferentes clases de virus del papiloma humano, y en 1983 descubrió que algunos, como los tipos 16 y 18 eran capaces de producir tumores. Esos dos tipos de papiloma se encontraron consistentemente en el 70 % de las biopsias de cáncer cervical realizadas en todo el mundo. El descubrimiento de zur Hausen permitió caracterizar la historia natural de la infección por el virus del papiloma, la comprensión de los mecanismos que inducen la carcinogénesis y finalmente el desarrollo de vacunas profilácticas en contra de la adquisición de ese virus. En el caso del virus de inmunodeficiencia adquirida, los investigadores Barré-Sinoussi y Montagnier caracterizaron al retrovirus, basados en sus propiedades morfológicas, bioquímicas e inmunológicas. Observaron la producción del virus en linfocitos de pacientes, dentro de las etapas iniciales de la enfermedad, en nódulos linfáticos muy desarrollados y en la sangre de pacientes que se encontraban en etapas finales. El virus actuaba sobre el sistema inmune debido a su replicación masiva y el daño celular ocasionado a los linfocitos. El descubrimiento fue muy importante pues resultaba un prerrequisito para comprender la biología de la enfermedad e iniciar su tratamiento antirretroviral. Además llevó a mejorar los métodos para diagnosticar a los pacientes infectados y limitar el esparcimiento de esta nueva pandemia. El sida apresuró a la ciencia como nunca antes lo hizo otra enfermedad para que se identificase su origen y pudiera proponerse tratamiento. La terapia antirretroviral actual, permite que las expectativas de vida de los pacientes infectados, hayan aumentado casi hasta igualar a las de pacientes sanos.